domingo, 8 de abril de 2012
Y me ofrece regalos que trae de otros cielos
Esta mañana abrí los ojos y me encontré contigo de frente, dormido en el lado derecho de la cama. Te ves tan guapo cuando duermes. Esta mañana descubrí por qué me enamoré de ti. Esta mañana supe por qué tenías que ser tú, y nadie más. Y, aunque seas lo peor, aunque encuentre mil razones para decirle a mi corazón que ya valió, nada de eso contrarresta ese motivo de peso y que destruye cualquier argumento. Te quiero porque, además de ser inevitable, eres lo mejor que han tocado mis manos, mi piel y mi corazón. Eres lo más irracional, pero le das sentido a mi vida. Eres ese algo, ese yo que sé que me sostiene y no me deja caer jamás. Eres lo más dulce que han probado mis labios, los ojos donde se pierde mi mirada, la voz que alegra mis mañanas. Eres todos y cada uno de los días que paso sonriendo, eres el sol que seca mis lágrimas. Eres el reloj de mi tiempo, ese segundero que no avanza cuando te tengo, eres lo eterno, lo infinito. Eres dos mil noches sin dormir, el perfume de mi cama, la banda sonora de mi vida, una fotografía escondida en un cuaderno, eres el hombro en que encaja perfectamente mi cabeza, la mano a la medida de la mía. Eres lo más bonito. Pero la razón que más me gusta, la que me convenció del todo, la que no se destruye absolutamente con nada es que eres mi mundo. Y es que sin ti, nada de esto tendría sentido. Gracias por estar en mi vida, gracias por quererme.
jueves, 29 de marzo de 2012
Veinte
A ver dime, ¿qué te puedo decir yo ahora? Si ya te has encargado tú de dejar las cosas claras, de decirme que en tu vida yo no importo nada. Si no hizo falta que modulases ni una sola palabra, si tus miradas te han delatado y me lanzan cuchillos de culpabilidad. Pero sigo sin entender tantas cosas... Como el hecho de que aún con cielo y tierra entre mis manos, dispuesto todo sólo por y para ti, lo despreciases de la manera más injusta. Por que sí, déjame decirte que las inusticias también existen, y que tú eres la injusticia más grande con la que me he tropezado nunca. ¿Qué puedo reprocharte? Si los reproches y los gritos no me salen porque se enredan mi rabia y mi impotencia en la garganta, y se pierden entre frases y palabras aleatorias que no hacen coherente ni una sola sílaba. ¿Qué canción puedo dedicarte? Si no hay discografía que revele ni una sola nota de tristeza que se parezca a nuestra tristeza, a mi tristeza. Porque ninguna canción me sabe lo suficiente mal como me saben mis lágrimas. ¿Qué puedo gritarte?¿Cómo puedo insultarte?¿Qué tengo que desencajar de mí para que ningún recoveco de mi cuerpo me recuerde a ti? Dime, ¿existe algún rincón donde no hayas dejado tus huellas? Uno solo me bastaría para refugiarme ahí, para esconderme de tu olor y de tu risa, de tus manos que dejaron cicatrices allá por donde quiera que hubiesen pasado. ¿Qué voy a hacer ahora conmigo?¿Cómo sobrevivo yo sin ti?¿Qué le cuento al lado derecho de mi cama?¿Qué excusa le pongo a las madrugadas que vengan a despertarme como me despertabas tú para hacer el amor?¿A quién le robaré las sonrisas?¿Y quién me robará mi tiempo y mis ganas?¿A qué cinéfilo empedernido abrazaré en medio de mi agonía?¿A quién le debo preguntar estas cosas? Si tú ya no estás, si ya te has ido y no has dejado ni tu sombra para poderle reprochar.
#nomeenseñasteaolvidarte
martes, 27 de marzo de 2012
Dédalo
Aquí comienza una andadura por mi revoltijo de palabras. Porque desvarío a menudo, pero a veces es bonito estar un poco loco, sobre todo cuando la locura y el amor se dan la mano en un mismo corazón.
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