domingo, 8 de abril de 2012

Y me ofrece regalos que trae de otros cielos

Esta mañana abrí los ojos y me encontré contigo de frente, dormido en el lado derecho de la cama. Te ves tan guapo cuando duermes. Esta mañana descubrí por qué me enamoré de ti. Esta mañana supe por qué tenías que ser tú, y nadie más. Y, aunque seas lo peor, aunque encuentre mil razones para decirle a mi corazón que ya valió, nada de eso contrarresta ese motivo de peso y que destruye cualquier argumento. Te quiero porque, además de ser inevitable, eres lo mejor que han tocado mis manos, mi piel y mi corazón. Eres lo más irracional, pero le das sentido a mi vida. Eres ese algo, ese yo que sé que me sostiene y no me deja caer jamás. Eres lo más dulce que han probado mis labios, los ojos donde se pierde mi mirada, la voz que alegra mis mañanas. Eres todos y cada uno de los días que paso sonriendo, eres el sol que seca mis lágrimas. Eres el reloj de mi tiempo, ese segundero que no avanza cuando te tengo, eres lo eterno, lo infinito. Eres dos mil noches sin dormir, el perfume de mi cama, la banda sonora de mi vida, una fotografía escondida en un cuaderno, eres el hombro en que encaja perfectamente mi cabeza, la mano a la medida de la mía. Eres lo más bonito. Pero la razón que más me gusta, la que me convenció del todo, la que no se destruye absolutamente con nada es que eres mi mundo. Y es que sin ti, nada de esto tendría sentido. Gracias por estar en mi vida, gracias por quererme.