Háblame de lo mucho que te quiero, de lo mucho que te echo
de menos incluso cuando estás al lado. Háblame de ayer y de hoy, pero ni me
menciones nada sobre mañana, que sabes tan bien como yo que entre tú y yo no
habrá jamás espacio para una imaginación a futuro, por muy cercano que esté.
Sabes tan bien como yo, incluso mejor, que los besos de hoy no sirven de
precedente para los que posiblemente (o no) vengan después. Sin embargo, amor,
háblame de las distancias de seguridad, de tus lados oscuros y ocultos, de los
cuatro palmos y medio que cada noche reclaman con fervor tu presencia y que se
quejan porque saben que no deben esperar el calor de tu cuerpo, aunque noche
tras noche lo hagan. Háblame de la teoría de olvidarte, de la teoría de las
cucarachas, háblame de calentar el cuerpo sin pretender calentar el alma,
háblame de los imposibles, de tus mentiras, de mis versos, háblame de esta
inspiración espontánea que surge cada vez que rozas mi vida, háblame de las
horas que le faltan al día para poder llegar a pensarte lo suficiente como para
quedarme a gusto. Háblame de cómo no querer besarte, de cómo evitar temblar por
ti, de cómo no mirarte a los ojos y pensar “eres el amor de mi vida”. Háblame
de todo lo que quieras, háblame de amor, háblame de ti, de mí, de algo que se
parezca a un “nosotros”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario